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viernes, 25 de mayo de 2007

"Hay que arrimar el hombro"

Vencereis, pero no convencereis.
Vencereis porque teneis sobrada fuerza bruta,
pero no convencereis, porque convencer significa persuadir.
Y para persuadir necesitais algo que os falta:
razón y derecho en la lucha.

Miguel de Unamuno (1936).

Famosa frase de Unamuno durante la recordada pelea que mantuvo con el general Millán Astray en la Universidad de Salamanca. La Guerra Civil había comenzado meses atrás.

Mucha gente murió en esa estúpida guerra que enfrentó a familiares, vecinos, amigos... pero la guerra no acabó con la toma de Madrid por el bando sublevado. La guerra se alargó durante casi 40 años de dictadura y represión franquista, vencieron gracias a la fuerza bruta, pero no convencieron. Anularon todo tipo de libertad y sumieron a todo el país en una profunda crisis de la que poco a poco se va saliendo.

Se ha mejorado, es estúpido negarlo y aunque aun quedan cosas por hacer y no hay que rendirse podemos afirmar que estamos bien. No creo que coleen rencillas de la guerra, ya pasada, aunque si que me temo que se están formando de nuevo dos tendencias bien diferenciadas, como si de dos equipos de fútbol se tratase. No me gusta.

No me gusta que se utilicen cosas tan importantes como es el terrorismo como forma de campaña electoral, no me gustan las mentiras ni la crítica por crítica. Si la democracia puede destacar por un aspecto positivo, es por el diálogo. Y la crispación creada, la crítica destructiva, la oposición sin construcción se está apoderando de este sistema. Y no es el camino.

No temo una nueva guerra, no nos veo tan salvajes. Pero si hay alguna manera de llegar a algún avance en asuntos que parecen tan importantes es mediante la coopereación de unos y otros. Estoy harto de ver que se aprueban leyes en cuestiones vitales como la educación o la vivienda, leyes que duran 4 años, el tiempo que pasa de una legislatura a otra, momento en el que el gobierno entrante centra sus esfuerzos en destruir lo hecho anteriormente por su antecesor. Esto no pasa en ningún país de Europa. ¿No se pueden poner de acuerdo, cediendo unos y otros y haciendo bien las cosas?.

Somos un país joven, de acuerdo, hoy se cumplen 30 años desde las primeras elecciones democráticas tras la Dictadura y como he dicho antes se ha avanzado mucho, quizás demasiado, sin control y dejándonos en muchas ocasiones la coherencia en el camino. Pero se puede empezar a hacer las cosas bien. Construir en vez de destruir. Dejar las mentiras, las promesas y las campañas. Ya es hora de que aquellos señores que dicen representarnos colaboren. Al menos en lo básico.

Nunca había visto a Zapatero, como le vi tras el comunicado de ETA. Mira que me parece un hombre "bueno" y sin carisma ni fuerza. Se ha limitado (en representación al Gobierno) a hacer lo correcto, pero al menos lo ha hecho. Pero el otro día tuvo una perfecta intervención. Ante un tema tan peliagudo recobró la fuerza y transmitió esperanza a pesar de lo negro que se ven las cosas. Esperanza supeditada a la colaboración. Dejémonos de críticas y estupideces. Si queremos que esto que hemos montado funcione "hay que arrimar el hombro, hay que apoyar al Gobierno"

lunes, 23 de abril de 2007

Lección francesa

Ayer a las 8 de la tarde se cerraban los últimos colegios electorales en la primera vuelta (aún no se sabía si habría segunda) de las presidenciales francesas. Alrededor de 44,5 millones de ciudadanos estaban llamados a votar.

Esta mañana, mientras desayunaba he conocido los resultados finales. Mas o menos lo esperado. Habrá segunda vuelta. Sarkozy, a quien las encuestas daban como favorito, ha cumplido los pronósticos y ha obtenido el 31,18% de los votos pero, el 26% de apoyo obtenido por la candidata socialista, Ségolène Royal fuerza la repetición condicionada de los comicios. El sistema elector francés, diferente al español, evita la formación de gobierno mediante coaliciones de partidos y obliga a realizar una segunda vuelta con los dos representantes más votados. Con este sistema los votantes de partidos "menores" se ven obligados a elegir entre sólo dos candidatos finales.

(fotografía y datos obtenidos de El País)

En quince días volverán a repetirse las elecciones. El candidato de la derecha parte con ventaja, pero el sistema de elegir al "menos malo" engrasa los engranajes, es decir, son los votos obtenidos por partidos minoritarios los que decidirán quien se sentará en el Elíseo. En principio y según las estimaciones, los votos recaudados por Le Pen (un 10%), el líder de la extrema derecha, el principal derrotado (en 2002, con casi un 18% del escrutinio pasó a la segunda vuelta) irán a parar a Sarkozy y un porcentaje similar, el agrupado por los partidos de la izquierda a Royal. Con estos supuestos, deciden por tanto los votantes del tercer partido en discordia, el centrista, dirigido por François Bayrou. Las primeras encuestas colocan a Sarkozy en París pero son sólo encuestas, el primer fin de semana de mayo conoceremos los resultados.

Pero si hay algo que destacar, es la impresionante tasa de participación, el 84,25% de los mayores de edad franceses, es decir, unos 37,7 millones de personas, han acudido a las urnas dando una lección de democracia. Son numerosos los partidos minoritarios que han obtenido pequeñas cantidades de votos. Votos que deciden poco pero que dejan ver que a los franceses les importa su gobierno, les importa su futuro y quieren decidir, aunque sea minoritariamente sobre las cuestiones políticas fundamentales. Históricamente la izquierda es demasiado crítica con sus candidatos, generando una elevada abstención. Lo que ha ocurrido en esta ocasión en parte ha venido promovido por el alarmante ascenso en el 2002 del partido ultraconservador y, parece que los votantes más descontentos se han decidido y han acudido a las urnas para evitar algo semejante. No votan su ideal, pero al menos votan en busca del candidato más adecuado de entre los que hay y, sin estar convencidos votan al que más les convence.

Votar si es participar. Votar si es decidir. Aunque sea minoritariamente, aunque sea votando al menos malo y aunque el voto no sirva de mucho dada la calidad de los políticos. Es la única manera que tiene el ciudadano de acercarse a decidir cómo quiere (o al menos como no quiere) que sea su país. Me parece digno de admirar. Solo esperar que en la segunda vuelta, aunque es difícil, se obtengan resultados similares y se nos pueda pegar algo.